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Apertura de la sesión de formación de las formadoras

16 abril 2016

Casa Madre, 14 abril- 18 mayo 2016

Discurso de apertura de la sesión de formación de las formadoras
H. Julia de Sousa

 

Queridas oblatas

Con gran alegría y agradecimiento a Dios las acojo a cada una de ustedes y les doy la bienvenida con mucho cariño en este lugar de la fundación, por un mes de formación para las formadoras. Venimos de tres continentes y representamos las tres ramas del Instituto, pertenecemos a diferentes culturas, naciones, idiomas y tradiciones. Para algunas es la primera vez que vienen a este lugar que es el origen del Instituto.

En este Año del Jubileo de la Misericordia, seria bueno vivir estas pocas semanas con un corazón de peregrinas y hacer de esta experiencia un evento jubilar para su vida para después compartirlo con todas las que ustedes forman!. Que el espíritu de fe que ha alimentado la palabra y el testimonio de Luisa Teresa, reavive en el corazón de nuestras formadoras que cumplen con fe y devoción, su peregrinaje en los caminos de este mundo.

Este tiempo de gracia, que es dado de vivirlo juntas como formadoras, las invitó a vivirlo como un peregrinaje, con Moisés, aun si, como él, tenemos conciencia de nuestras limitaciones en cuanto a la misión que nos ha sido confiada. Nuestra fuerza y confianza esta en la certeza que Dios esta con nosotras. Nos unimos con Moisés, el peregrino con su pueblo, con el fin de tomar la ruta juntos para un nuevo éxodo.

El camino puede ser largo, difícil y sin agua! Pero en compañía del Señor quien nos colma de todo bien, nada es imposible! Si es necesario “ir juntas” con los dones de cada una. Ustedes tendrán la ocasión de conocerse profundamente. Es una experiencia formadora vital, el conocerse y conocer a la otra. Esto las ayudara en su misión de formadora cuando ustedes tengan que acompañar ese mismo proceso en las que ustedes formen.

En que condiciones! Antes de emprender este viaje tan largo, es necesario librarse de las “valijas” superfluas que pesan e impiden nuestro peregrinaje y entrada en el lugar de la Presencia Divina.

“El ángel del Señor se le apareció en una llama ardiente, en medio de la zarza, él miró la zarza que ardía, y observó que no se consumía. Moisés pensó: voy a acercarme y ver esa maravilla, porque la zarza no se consume?” (Ex.3,2-4)

“Quiero acercarme” Quiero sumergirme en el fuego de la Presencia Divina para renacer a una vida nueva. Así seré capaz de entregarme al Amor y por amor. Quiero estar en su presencia para quitarme la máscara, las resistencias de mi egoísmo y librarme de la esclavitud. En resumen quiero salir de mi misma, para que el peregrinaje con mi pueblo sea un verdadero “signo” de la ternura y la misericordia del rostro de Dios y que mi camino espiritual se convierta en Vida en la Presencia y vida de su Presencia Divina para todas aquellas que yo acompaño.

“Quítate tus sandalias, porque el lugar donde estás es una tierra santa” (Ex.3,5).

El me llama por mi nombre, en “ese lugar” que para mi puede convertirse en “santo”; en el “lugar” donde puedo transformarme en fuego, y convertirme en “presencia ardiente” de El Espíritu de Dios en el mundo. En este lugar santo, la experiencia será verdaderamente jubilar y ustedes serán dichosas. Es lo que significa uno de los gestos importantes del peregrino que viene a la Casa Madre, el “pasar por la puerta santa”. Esto implica la conversión del corazón.

“Quítate tus sandalias”: Abre tu corazón y tu espíritu a la luz de Dios que hace posible el discernir los signos de los tiempos y que lleva a la profecía. Esta fuerte experiencia de comunión les enseñará como suscitarla después , en sus casas de formación y preparar así la siguiente generación a una vida comunitaria y de grupo más profunda y por consiguiente más apostólica.

“Ve ahora! Te envío donde el Faraón. Saca de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel” (Ex.3,10)

Ofreciéndoles esta experiencia, estamos convencidas, no sólo de la importancia de la formación de hoy para la vida de una Oblata de mañana, sino también de la importancia de la calidad de vida de la formadora. Deseo que ustedes salgan de esta sesión con un corazón mas abierto, mas adaptado a comunicarse con sus formandas a quienes ustedes forman para la universalidad de la Iglesia y animarlas a trabajar con valor en el reino de la comunión en el Instituto y en el mundo.

Las dejo con un equipo que está feliz de caminar con ustedes: Christine Lefranc y Viviane Tourniaire, gracias a las dos por aceptar estar aquí con nosotras para ayudarnos a vivir este encuentro como un tiempo de gracia. Les agradezco mucho su ayuda.

También quiero expresar mi agradecimiento a las traductoras: Maria Auxiliadora Fernández e Hilda Rodríguez (Francés-Español) y Maria Gudz (Francés-Polaco) por haber aceptado ese servicio de traducción con gran disponibilidad y abnegación, eso nos permite una mejor comunicación entre nosotras.

Mi agradecimiento a las hermanas de la Casa Madre, que han puesto todos sus corazones y sus dones para acogernos con cariño y nos hacen sentirnos en nuestra casa.

Quiero también agradecerles a ustedes queridas formadoras, por su servicio humilde y discreto, por el tiempo dado a la escucha, por el tiempo consagrado al acompañamiento y al cuidado de cada una de nuestras Oblatas. Durante esta sesión, las invito a entrar en un clima de oración de apertura, de sensibilidad, de escucha de las unas a las otras y de la acción de El Espíritu Santo en nosotras.

Implorando la bendición de la Santísima Trinidad, la protección de Maria y la intercesión de Luisa Teresa y de la Sra. De Raffin, nuestras fundadoras. Les deseo a todas que este tiempo de formación sea creativo, dichoso y fecundo.

Terminemos con el canto: Revenir à la source (Patrick Richard)
 

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